La emergencia climática y el futuro de la región mediterránea

Alfonso Casani – FUNCI

El deterioro medioambiental está conduciendo a cada vez más instituciones y países a proclamar la emergencia climática, entre ellos la Unión Europa y España. A pesar del carácter global del cambio climático, sus efectos se están sintiendo con especial intensidad en la región del Mediterráneo, donde el aumento del calentamiento global es superior al del resto del planeta. Este artículo analiza la repercusión que el cambio climático tendrá en las próximas décadas en los países del norte de África y Oriente Medio, no solamente desde una perspectiva medioambiental, sino también política y económica, que destaca la magnitud de los cambios y transformaciones que se producirán en los próximos años.

El artículo se basa en las consideraciones recogidas en el informe Aproximación prospectiva a la Vecindad Sur de España y la Unión Europea: Objetivo 2030/2050, publicado por la Fundación Alternativas en junio de 2020 y elaborado por Itxaso Domínguez (coordinadora del Panel de Oriente Próximo y Norte de África en la Fundación Alternativas) y Alfonso Casani (investigador en la Fundación de Cultura Islámica y profesor en la Universidad Complutense de Madrid). Mediante la identificación de distintas megatendencias (dinámicas a largo plazo) y tendencias a medio plazo, el informe ofrece una serie de reflexiones sobre el futuro de la región mediterránea y los distintos desafíos políticos, económicos, sociales, tecnológicos y medioambientales a los que se enfrentará en las próximas décadas.

Entre las distintas dinámicas a largo plazo destaca por su importancia la emergencia climática y la escasez de recursos. Este cambio climático, identificado como megatendencia, se sitúa en la cúspide de las dinámicas que afectarán el futuro de la región, por su carácter global y transnacional, pero también por la especial intensidad con la que sus efectos se están sintiendo en el Mediterráneo. La urgencia de las medidas a adoptar contra el cambio climático condujo a la Unión Europea a declarar la emergencia climática en noviembre de 2019 y al gobierno de España en enero de 2020, en un claro posicionamiento a favor de la adopción de una estrategia global e inmediata a favor de un desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Gran Lago Amargo, Egipto, visto desde el cielo. Foto: NASA / Foto de portada: Alejandría, Egipto. Foto: Daniel Kakiuthi

Expresiones del cambio climático

La previsión futura del impacto del cambio climático en la región del Mediterráneo ofrece un escenario estremecedor. La ONU ya ha alertado de que los efectos del cambio climático son especialmente notables en la cuenca mediterránea, donde el calentamiento global se está produciendo un 20% más rápido que la media global. De igual modo, el informe publicado por la Fundación Alternativas advierte de que la temperatura ya ha aumentado en 1.5ºC con respecto a los niveles preindustriales, y, de seguir así, continuará aumentando hasta los 7ºC a finales de siglo.

Este aumento de la temperatura tendrá, por supuesto, importantes consecuencias sobre el medioambiente. La temperatura del agua ha aumentado ya en 0.4ºC, y llegará a los 3.5ºC más para finales de este siglo. Al mismo tiempo, se estima que los recursos hídricos disminuirán en un 20% para 2030 y el nivel del mar aumentará hasta los 36 cm para 2050 (las peores previsiones de la ONU llegan a mencionar un aumento de 2.5 metros en 2100). Como refleja la siguiente infografía, el aumento del nivel del mar podría llegar a afectar a 20 millones de habitantes, residentes en las costas con escasa altitud.

Fuente: Naciones Unidas

El aumento de la desertificación, el descenso de los cultivos y de la tierra cultivable, la intensificación de las precipitaciones (escasas en los meses calurosos y más abundantes en los meses invernales), el aumento de la intensidad y número de olas de calor, así como de incendios, y la erosión de las costas son algunas otras de las  consecuencias producto de la aceleración del cambio climático.

La rapidez de estos fenómenos y las dificultades de las especies vegetales y animales a adaptarse a estas transformaciones tendrá importantes repercusiones sobre los ecosistemas, conduciendo, notablemente, a una reducción de la biodiversidad y de la producción agrícola, así como a un aumento de la inseguridad alimentaria. La transformación de las condiciones climáticas, de hecho, ya se está notando, conduciendo a un aumento en el número de flujos migratorios entre las especies animales, al gradual traslado de especies vegetales hacia zonas de mayor altitud, e incluso a cambios en la fisiología y morfología de algunas especies animales[1].

La rapidez de estos fenómenos y las dificultades de las especies vegetales y animales a adaptarse a estas transformaciones tendrá importantes repercusiones sobre los ecosistemas, conduciendo, notablemente, a una reducción de la biodiversidad y de la producción agrícola, así como a un aumento de la inseguridad alimentaria.

Impacto político-social del cambio climático

El aumento de la presión hídrica y la inseguridad alimentaria consecuencia del cambio climático tendrá, por supuesto, importantes repercusiones en los países del Mediterráneo y se reflejará sobre la organización política, social y económica de estos países y su capacidad de asegurar la seguridad humana de la población que los habita.

Situado en una región árida, Beni Khedache, en Túnez, es un ejemplo de pueblo amenazado por la desertificación. Foto: Cyprien Hauser

La presión hídrica y alimentaria y el consiguiente aumento de la escasez de recursos a la que conducirá, provocará un aumento en las tensiones y conflictos, tanto entre los Estados como dentro de estos, en las próximas décadas[2]. Desde el plano internacional, el creciente impacto del cambio climático provocará un aumento de las tensiones intrarregionales, a medida que se haga patente la escasez de recursos, a menudo compartidos entre distintos países. Las tensiones actuales entre Egipto y Etiopía por la construcción de una presa por parte de este segundo país en el Nilo Azul y las consecuencias que ésta podría tener para el abastecimiento hídrico de Egipto, o las tensiones históricas en Jordania e Israel por el aprovechamiento del río Jordán[3] constituyen un buen ejemplo de este tipo de tensiones.

Desde una perspectiva nacional, la presión hídrica y la inseguridad alimentaria contribuirán a la intensificación de fenómenos en pleno desarrollo, como son el incremento demográfico, los procesos de urbanización y la presión ejercida por el éxodo rural sobre las ciudades, o la degradación de las tierras cultivables[4]. Asimismo, la inseguridad alimentaria tendrá considerables consecuencias sobre la capacidad productiva de estos países, conduciendo a una disminución de la producción agrícola y a un aumento de los precios de los alimentos[5]. Todo ello dibuja un escenario abierto a las movilizaciones sociales y las tensiones políticas, que intensificarán las protestas que se están produciendo en las regiones periféricas de los países del sur del Mediterráneo, cada vez mayores desde 2011, y que reflejan la crispación producida por el desigual reparto y acceso a los recursos naturales[6].

La presión hídrica y alimentaria y el consiguiente aumento de la escasez de recursos a la que conducirá provocará un aumento en las tensiones y conflictos, tanto entre los Estados como dentro de estos, en las próximas décadas.

El aumento de las tensiones intraestatales también se verá afectado por el aumento del nivel del mar y la futura inundación de las ciudades costeras. Basra, en Iraq, y Alejandría, en Egipto, se encuentran entre las principales ciudades amenazadas por este aumento del nivel del mar, aunque su repercusión podría notarse, también, en otras ciudades del delta del Nilo, Túnez o Qatar[7]. Más allá de posibles víctimas humanas, el desalojo de estos núcleos urbanos (algunos de los cuales superan los 5 millones de habitantes, como es el caso de Alejandría) conduciría a una fuerte presión migratoria hacia otras zonas del país o hacia los países vecinos, intensificando la vulnerabilidad de amplios sectores de la población, a la vez que aumentaría la precariedad de las ciudades vecinas hacia las que se dirigirían los desplazados. Este impacto medioambiental tendrá un claro sesgo de clase[8], por lo que afectará en mayor medida a la población más vulnerable y aumentará la importante brecha económica ya existente en el interior de los países del sur del Mediterráneo.

Una amenaza global requiere soluciones globales

La emergencia de la actual situación medioambiental y lo profundo de los cambios a los que ésta conducirá requiere de medidas globales que deberán ser adoptadas por todos los países. Aunque cada vez son más las medidas que se adoptan desde una perspectiva local para combatir el cambio climático y la degradación medioambiental, el carácter transnacional de esta amenaza requiere, también, de soluciones estatales, regionales y globales.

Es por ello que debemos enfatizar la necesidad de una mayor cooperación regional en materia medioambiental, que permita abordar la escasez de recursos desde una perspectiva macroestatal y palie algunos de los focos de tensión que se han destacado a lo largo del artículo. La urgencia de las medidas a adoptar puede ser, de hecho, una oportunidad para estrechar las relaciones diplomáticas y los niveles de cooperación de una región caracterizada por la debilidad de sus relaciones Sur-Sur[9].

Aunque cada vez son más las medidas que se adoptan a nivel local para combatir el cambio climático y la degradación medioambiental, el carácter transnacional de esta amenaza requiere, también, de soluciones estatales, regionales y globales.

Asimismo, la amenaza medioambiental es también una oportunidad para intensificar un proceso que ya se presenta como inevitable: la descarbonización de la cuenca del Mediterráneo. La Unión Europea anunció su plan de descarbonización a finales de 2019, concretado en el denominado Pacto Verde Europeo. Este acuerdo delinea los objetivos a corto plazo a alcanzar para el continente. Entre sus principales puntos destaca el objetivo transversal de limitar el calentamiento global a 1.5 ºC; la reducción de las emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% para el año 2030, en comparación con los niveles de 1990; y la neutralidad de las emisiones en 2050. Entre sus principales medidas propone una batería de recortes en emisiones en el transporte y la industria, la transformación energética hacia energías no contaminantes y una mayor inversión en la lucha contra el cambio climático; en la actualidad financiada también a través de los fondos del plan de recuperación post-Covid NexGenerationEU.

Estaciones de energía solar en Ouarzazate, Marruecos. Foto: Richard Allaway

Con un carácter más moderado, en la ribera sur del Mediterráneo, Marruecos pretende que el 50% de su producción de energía total proceda de energías renovables en el año 2030, mientras que países como Argelia, Túnez y Jordania desean que su capacidad de producción de energía renovable ascienda hasta el 30% para esa fecha. El desarrollo de los procesos de descarbonización de los países del norte de África y Oriente Medio será, sin embargo, muy desigual, y estará ligado a la estabilidad política de cada país y, sobre todo, a su dependencia del petróleo. De este modo, países fuertemente dependientes de la exportación de petróleo y con economías rentistas (como es el caso de Argelia, o de Libia, cuya situación de inestabilidad política no le permite, además, adoptar medidas a corto plazo en esta materia) serán más reticentes a sumergirse en estos procesos de transformación energética.

A pesar de todo, aun teniendo en cuenta lo remarcable de muchas de las medidas propuestas, la acción unilateral de estos distintos países no será suficiente, y el planeta clama por una mayor cooperación de carácter transnacional.

Referencias

[1] Muluneh, M.G. Impact of climate change on biodiversity and food security: a global perspective—a review article. Agric & Food Secur 10, 36 (2021). Disponible en: <https://doi.org/10.1186/s40066-021-00318-5>

[2] MedECC (2020) Climate and Environmental Change in the Mediterranean Basin – Current Situation and Risks for the Future. First Mediterranean Assessment Report [Cramer, W., Guiot, J., Marini, K. (eds.)] Union for the Mediterranean, Plan Bleu, UNEP/MAP, Marseille, France, 632pp. DOI: 10.5281/zenodo.4768833

[3] Domínguez, Itxaso y Casani, Alfonso (2021), “Aproximación prospectiva a la Vecindad Sur de España y la Unión Europea: Objetivo 2030/2050”, Fundación Alternativas, núm. 110/2021. Disponible en: <https://www.fundacionalternativas.org/observatorio-de-politica-exterior-opex/documentos/documentos-de-trabajo/aproximacion-prospectiva-a-la-vecindad-sur-de-espana-y-la-union-europea-objetivo-2030-2050>

[4] Lange, Manfred A. (2020). “Climate Change in the Mediterranean: Environmental Impacts and Extreme Events”, IEMed Mediterranean Yearbook 2020. Disponible en: <https://www.iemed.org/publication/climate-change-in-the-mediterranean-environmental-impacts-and-extreme-events/>

[5] International Food Policiy Research institute (2009). Climate change: Impact on Agriculture and Costs of Adaptation, Washington. DOI: 10.2499/0896295354

[6] Thieux, L. y Hernando de Larramendi, M. (2020). Las relaciones Magreb-África: nuevos desafíos e interdependencias. Fundación Alterna­tivas Informe África 2020 Transformaciones, Movilizaciones y Continuidad.

[7] Khamis, Jumana (2020). “Why Middle East cities should worry about climate change”, Arab News, 05/01/2020. Disponible en: <https://arab.news/cazss>

[8] Godfrey, P. C. (2012). Introduction: Race, Gender & Class and Climate Change. Race, Gender & Class, 19(1/2), 3–11. http://www.jstor.org/stable/43496857

[9] Fundación Alternativas, Ibid.

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