3. VID (ES)

الكرم [al-karm] o العنب [al-‘inab] (AR)
GRAPEVINE (EN)
Vitis vinifera L. • Fam. Vitaceae
Planta trepadora, caducifolia, con un tronco sinuoso de hasta 40 centímetros de diámetro y que puede alcanzar hasta 20 metros de altura. Sobresalen los tallos jóvenes (conocidos como sarmientos), delgados y con zarcillos. Presenta hojas alternas, pecioladas, generalmente palmadas y lobuladas, con margen dentado. Su fruto es una baya: la uva, dispuesta en racimos, con una amplia gama de variedades, tanto en tamaño, como color y composición química (azúcares, ácidos y compuestos fenólicos).
La vid, conocida habitualmente como karm, constituyó uno de los cultivos más relevantes del paisaje andalusí. La gestión eficiente del agua y la introducción de nuevas técnicas agronómicas en este periodo favorecieron el aumento de la productividad agrícola, permitiendo un mayor rendimiento de algunas especies de secano como es el caso de la vid (también del olivo), lo que la hizo frecuente tanto en espacios agrícolas como urbanos.
Las fuentes agronómicas andalusíes describen con detalle su cultivo y manejo, de lo que incluyen la plantación en cepas, la formación de emparrados y los sistemas de conducción sobre estructuras, técnica vinculada a la tradición romana del «rumpotino». Columela, agrónomo de la antigua Roma, detallaba en sus escritos que, con este método, hacía trepar las vides sobre árboles de no mucha altura, destacando los olmos y los chopos, de los que, al entrelazarse con las parras, los señalaba como «esposos abrazados». El sevillano Abū l-Jayr (s. XI-XII) también incidió sobre la belleza de las parras colgadas sobre los olmos. Por su parte, el agrónomo almeriense Ibn Luyūn (s. XIII-XIV) destacó en el Kitāb al-filāha (Tratado de agricultura) su importancia en la conformación del paisaje de los huertos del primor, de los que citaba: «Se rodea la heredad con viñas, y en los paseos que la atraviesen se plantan parrales».
Además del uso ornamental, la vid tenía numerosos aprovechamientos, entre ellos alimenticios y medicinales. El principal era el consumo de la uva fresca, pero esta también se conservaba en salmuera o se pasificaba con diferentes métodos, como con el empleo de ceniza, virutas, arcilla o jugos, según recogía Ibn Wāfid (s. XI). Las hojas, los sarmientos y zarcillos, en cambio, fueron observados por los agrónomos al-Ṭignarī y Abū l-Jayr (s. XI-XII) , que recogieron su aplicación frente al dolor de cabeza y de estómago, así como el tratamiento de afecciones cutáneas.
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