Fotografía: Fundación de Cultura Islámica

(12) LIMONERO (ES)

الليمون [al-laymūn] (AR)

LEMON TREE (EN)

Citrus × limon (L.) Osbeck • Fam. Rutaceae

Árbol perennifolio de porte medio, generalmente de 3-5 m de altura, con copa densa y muy ramificada. De hojas alternas, simples, coriáceas, con limbo elíptico de margen entero de color verde pálido, elípticas, de 5-10 cm. Flores solitarias o en inflorescencia corimbosas. Cáliz (4)5(7) sépalos, triangulares, soldados y corola de igual número de pétalos libres, elípticos alargados, gruesos, externamente glandulosos, blancos teñidos de rosa o violáceo en el envés. Androceo formado por numerosos estambres. Fruto en hesperidio, generalmente elípticos, aunque su forma depende de la variedad, amarillos con grueso exo- y mesocarpo (cáscara) con 8-10(18) lóculos. Pulpa amarilla, ácida, semillas blancas. La corteza es rica en aceites esenciales de interés en perfumería y gastronomía.

El limonero como especie posiblemente tuvo origen en la región situada entre el norte de Myanmar y el sur de China. No obstante, la extensión del mundo islámico medieval propició canales de comunicación a través de los cuales se trasladaron e introdujeron nuevas plantas en los distintos territorios. Así, diferentes cítricos originarios de Asia fueron aclimatados a la cuenca mediterránea. En al-Ándalus, gracias a los conocimientos sobre ciencias naturales de los agrónomos y los botánicos, los limoneros empezaron a ser cultivados desde el siglo X.

En varias de las fuentes andalusíes, como en la ʿUmda (s. XI-XII), existe dificultad para diferenciar entre limas y limones al tratarse de especies que fueron inicialmente agrupadas bajo el término laymūn

—de donde deriva la palabra ‘limón’—. Sin embargo, desde el siglo XIV, como refleja Ibn Luyūn (s. XIII-XIV), ya se trataba de forma diferenciada a los limeros (līm) y a los limoneros (laymūn). Más allá de esto, las fuentes mencionan su presencia en tierras de labor para la producción y consumo de ambos frutos. Ibn Luyūn señaló: «Las limas se conservan rajándolas o agujereándolas e introduciéndoles sal; también se les echa vinagre de lima (o de zamboa o de uva), aceite y agua, o se le agregan berenjenas pequeñas fritas, rajadas y limpias». Como de otros cítricos, los andalusíes fueron conocedores de sus cualidades medicinales y sus posibilidades higiénicas. Ibn al-ʿAwwām (s. XII-XIII) indicó: «Tanto su cáscara como las hojas de la especie pequeña sirven de antídoto contra los venenos», mientras que Ibn Luyūn recogió: «La cáscara de lima sirve para quitar el mal olor de las axilas».

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