
7. ARRAYÁN MORISCO, MIRTO (ES)
الآس [al-ās] o الريحان [al-rayḥān] (AR)
ORANGE MYRTLE
Myrtus baetica (L.) Mill. • Fam. Myrtaceae
Arbusto de porte arborescente y ramificado que alcanza hasta 10 metros de altura. Presenta hojas subverticiladas, decusadas, lanceolado-acuminadas y coriáceas, de color verde oscuro y muy aromáticas debido a la presencia de aceites esenciales. Las flores son blancas, en racimos cortos, con numerosos estambres prominentes, lo que les da un aspecto llamativo. El fruto es una baya globosa de color negro azulado al madurar.
En al-Ándalus y el Magreb era conocido como rayḥān, de donde deriva el nombre ‘arrayán’, mientras que en el Oriente islámico se lo denominaba ās. En los jardines andalusíes, esta especie (Myrtus baetica) ocupó un lugar destacado por sus cualidades, y los agrónomos le dedicaron parte de sus escritos, prestando especial atención a sus usos ornamentales, además de a su cultivo y cuidados. Esta planta en concreto tuvo especial difusión en la Edad Media peninsular, aunque fue perdiendo presencia a partir de los siglos XVI-XVII hasta casi desaparecer de este territorio. Ya desde tiempos remotos el mirto había formado parte del paisaje mediterráneo, con usos variados entre los que sobresalieron el decorativo y el medicinal. Hoy, gracias a los escasos ejemplares centenarios que aún se conservan —como los de este jardín-huerto—, existen programas dedicados a su recuperación. Precisamente, sobre su longevidad, Abū l-Jayr señala que, entre las variedades conocidas, «el arrayán de montaña vive más de trescientos años».
En el tratado botánico de la ʻUmda (s. XI-XII) se señala que «se tiene en las casas y huertos»; Ibn al-ʿAwwām (s. XII-XIII) escribió: «Se pone cerca de la puerta de los huertos y del zafariche —el cantarero— por su condición de planta ornamental». El agrónomo Ibn Luyūn (s. XIII-XIV) completa la información y dice que se disponían «rodeando el pabellón que se alza en los mismos». Además, este autor escribe que la vid se injerta en el arrayán, lo que le confiere a la uva el sabor de este y, en el ámbito culinario, añade que servía para aderezar las aceitunas de mesa. Siglos antes otros autores habían documentado el empleo de sus flores para la elaboración de una especie de agua de rosas, muy aromática, y también, como Ibn al-ʿAwwām dejó por escrito, con sus granos, «sometidos a un laborioso sistema de panificación, se hace un pan muy sabroso y alimenticio».
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