Davos, un billón de árboles contra el cambio climático

El Foro Económico Mundial 2020, celebrado en Davos el pasado mes de enero ha lanzado un ambicioso desafío al mundo: plantar un billón de árboles de aquí a 2030.

La ambiciosa iniciativa ‘Un billón de árboles’, catapultada internacionalmente por el Foro Económico Mundial, ha sido ideada por Marc Benioff, presidente de la empresa de software Salesforce, que explicaba:

“¿Quién está en contra de los árboles? ¡Nadie lo está! Todos podemos contribuir sin importar si somos estudiantes, emprendedores, miembros de un gobierno o de una organización civil.”

El escéptico gobierno de Estados Unidos ha aceptado el reto. También América Latina, aunque en su caso el reto es grande, ya que esta es una de las regiones más laceradas por la deforestación. Los gobiernos de Brasil, México y Argentina han expresado desde 2019 su interés por redoblar el ritmo de sus proyectos de reforestación, sin embargo, ha sido Colombia la que ha asumido el protagonismo de este tema ante la comunidad global de negocios. Las economías emergentes también reaccionaron positivamente, aunque tendrán, además, el desafío de encontrar los recursos necesarios para cumplirlo.

Una idea seductora

Quizás el mayor riesgo de esta idea radique en el atractivo de las soluciones que suenan naturales ya que podrían hacernos creer que son medidas más significativas de lo que realmente son. Como explica la profesora de la Escuela para el Futuro de la Innovación en la Sociedad de la Universidad Estatal de Arizona (EE. UU) Jane Flegal, la iniciativa:

«Invita a las personas a ver la plantación de árboles como un sustituto de los cambios radicales necesarios para evitar que las emisiones de gases de efecto invernadero lleguen a la atmósfera.”

¿Por qué plantar árboles no basta para resolver la emergencia climática?

Aunque celebramos este tipo de medidas, la iniciativa de plantar árboles es una forma limitada y poco fiable de abordar el cambio climático. Para asegurarnos un futuro sostenible, debemos cambiar la forma en que vivimos, esto implica grandes transformaciones en la manera en que nuestra sociedad funciona globalmente y en cómo interacciona con los ecosistemas naturales.

Más allá del alza de las temperaturas y las emisiones de carbono, deberían tenerse en cuenta un amplio número de indicadores, por eso los científicos urgen a los políticos a reestablecer sus prioridades a través de medidas que hagan frente a la emergencia climática. Entre ellas, cabe destacar:

  • Estabilizar el crecimiento de la población del planeta mediante políticas más efectivas.
  • Apostar por sistemas que prioricen la sostenibilidad de los ecosistemas para que el crecimiento del PIB y la generación de riqueza dejen de ser el principal objetivo.
  • Decir adiós a los gases contaminantes de vida corta, así como eliminar las ayudas a los combustibles fósiles e implementar políticas para elevar los precios del carbono.
  • Comer más alimentos de origen vegetal y reducir el consumo global de carne.
  • Restaurar ecosistemas que capturen grandes cantidades de CO2.

Una suma de esfuerzos

La mayoría de las investigaciones plantean que tendremos que eliminar el dióxido de carbono del aire a gran escala para evitar niveles peligrosos del calentamiento. Es cierto que plantar árboles es la forma más barata y fiable que tenemos actualmente para enfrentarnos a este problema a una escala global, por lo que no hay duda de que necesitamos encontrar mejores formas de alentar, financiar, controlar e implementar los esfuerzos de forestación y preservación en todo el mundo.

En un escenario de medidas combinadas, los árboles sí pueden y deben desempeñar algún papel en el almacenaje de carbono que ya está en la atmósfera, al menos durante un tiempo. Pero no podemos confiar en los árboles como únicos sustitutos para cumplir la monumental tarea de reducir las emisiones de nuestros sistemas de energía, transporte y agricultura.

También hay una gran cantidad de temas complejos que se deben considerar, incluido el alto coste de los esfuerzos de forestación a gran escala, las emisiones adicionales que surgen de la plantación y el cuidado de los árboles, y el hecho de que la cobertura forestal podría absorber el calor y aumentar el calentamiento hasta cierto grado.

En un escenario de medidas combinadas, los árboles sí pueden y deben desempeñar algún papel en el almacenaje de carbono que ya está en la atmósfera, al menos durante un tiempo. Pero no podemos confiar en los árboles como únicos sustitutos para cumplir la monumental tarea de reducir las emisiones de nuestros sistemas de energía, transporte y agricultura.

Esta iniciativa pretende que los árboles sean capaces de resolver el problema medioambiental que asola a la Tierra. Las soluciones que parecen naturales resultan mucho más atractivas que las tecnológicas. Por lo tanto, los líderes y los medios de todo el espectro político se inclinarán por aceptar el mito de que los árboles pueden salvarnos, y aquellos que quieren detener o limitar los esfuerzos más efectivos se aplicarán esta medida con mucho gusto.

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