Agronomía y botánica en la taifa de Toledo

Sergio Isabel Ludeña – FUNCI

Los soberanos de la dinastía Banu Di-l-Nun de la taifa de Toledo mantuvieron una notable protección y mecenazgo de artistas y científicos, entre los que sobresalieron especialmente agrónomos como Ibn Wāfid e Ibn Bassāl, que establecieron el germen de una gran escuela de naturalistas. Un proyecto de especial relevancia para el monarca al-Ma’mun, que buscaba la legitimación y el engrandecimiento de su figura y su reino, fue la almunia real de Tulaytula.

Breve contexto histórico: Tulaytula entre los reinos de taifas

Los reinos de taifas creados en el siglo XI, tras el proceso de descomposición del califato de Córdoba, perdieron la fuerza de este estado precedente y sufrieron una notable inestabilidad política, especialmente agravado por sus luchas intestinas, pero también por las presiones que padecían por parte de los reinos cristianos del norte, entre los que sobresale el de León, Castilla, Galicia, Asturias y Nájera, encabezado por Alfonso VI, así como el Imperio almorávide, al Sur. Sin embargo, estas taifas destacaron por un refinamiento y esplendor cultural, probablemente no alcanzado en al-Ándalus hasta ese momento.

Tulaytula se convirtió en uno de los focos creativos más activos donde se trabajaron múltiples y diversas ramas del conocimiento.

Arquería del palacio taifa toledano (actualmente en la Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha)

Las taifas buscaron su consolidación a través de una imagen que las vinculara con los modelos califales y orientales, con el empleo de la ostentación artística, el desarrollo de las ciencias y la riqueza. La fuerza que con la división de al-Ándalus no podían conseguir mediante ejércitos, se obtuvo con estos elementos (Calvo, 2011, 69).

En el caso de Toledo, parece que la taifa llegó a ser uno de los centros de saberes más importantes del siglo XI. Aunque existen indicios sobre un inicio de esta política de mecenazgo de ciencias y artes desde el reinado de al-Zafir, fue con al-Ma’mun cuando esta alcanzó su máximo esplendor. Bajo su gobierno, Tulaytula se convirtió en uno de los focos creativos más activos, donde se trabajaron múltiples y diversas ramas del conocimiento: astronomía, botánica, ciencias jurídicas, filosofía, literatura, medicina, etc. (Izquierdo, 2018, 424).

 

El auge de las Ciencias de la Naturaleza en Tulaytula

A pesar del interés que tienen los avances alcanzados por algunas de estas disciplinas en Toledo durante esta época, como los dados por el renombrado astrónomo Azarquiel, en el caso de este artículo interesa más tratar el campo de las Ciencias de la Naturaleza, uno de los más desarrollados en esta taifa, especialmente en lo que se refiere a la agronomía, la botánica y otros saberes vinculados con ellas, como la farmacología y la zoología [1]. De hecho, la que se ha denominado escuela agronómica andalusí, o escuela de naturalistas, tuvo su germen en este contexto del siglo XI y llegaría a destacar por el alto grado de conocimientos logrado, cuyos antecedentes se sitúan en el saber acumulado en el califato de Córdoba sobre la ciencia árabe de tradición irania y helenística (García, 1999, 135).

Las taifas buscaron su consolidación a través de una imagen que las vinculara con los modelos califales y orientales y empleara la ostentación artística, el desarrollo de las ciencias y la riqueza.

No existe noticia de que en Toledo hubieran existido con anterioridad al mecenazgo de los Banu Di-l-Nun autores dedicados a las Ciencias de la Naturaleza, sino que parece que estos llegaron desde otros puntos de al-Ándalus, como Córdoba, atraídos por los reyes de la taifa. Uno de los primeros de los que se sabe acudieron a Tulaytula de esta manera fue Ibn al-Bagunis, astrónomo, matemático, médico y naturalista, que fue uno de los maestros más famosos de la Córdoba califal y entró a formar parte de la corte toledana en tiempos de al-Zafir. A su actividad como consejero de los reyes Di-l-Nun, se sumó la labor de escribir algunas obras botánicas y farmacológicas (García, 1999, 136).

Durante el siglo XI, el epicentro de los conocimientos agronómicos de al-Ándalus se trasladó a Toledo. De hecho se convirtió en el impulsor de la futura escuela de agronomía a Ibn Wāfid, que tuvo continuidad gracias a sus discípulos, entre los que se conocen a Ibn al-Luengo e Ibn Bassāl. Este apogeo de los estudios de agronomía también pasó por incluir otras disciplinas relacionadas, concretamente la botánica y la farmacología, que fueron igualmente dearrolladas por estos científicos (Téllez, 1999, 49).

Agrónomos toledanos: Ibn Wāfid

Uno de los agrónomos más importantes de Tulaytula fue Ibn Wāfid. Nacido en Toledo entre 997 y 1008, de un linaje noble de origen cordobés, en su juventud estudió en Córdoba diferentes disciplinas, entre las que destacan la medicina, la filosofía y el derecho. No está del todo claro cómo adquirió sus conocimientos de agricultura y botánica, pero parece probable que fuera a través del estudio de obras como el Tasrif de al-Zahrawi (García, 1999, 137). Su retorno a su ciudad natal se produjo en los tiempos de al-Ma’mun, en cuya corte cumplió la doble función de político y hombre de ciencia, papel en el que destacó como médico y agrónomo.

La importancia que los musulmanes daban a los jardines, ofreció un nuevo campo de actuación para los agrónomos de las taifas.

Es importante señalar la importancia que la agronomía alcanzó en al-Ándalus para comprender el rol de personajes como Ibn Wāfid. Hay que considerar que los productos agrícolas eran el soporte alimenticio de la población andalusí, de modo que las mejoras que introdujeron los agrónomos en cuanto a la extensión de los sistemas de riego, la importación de nuevos cultivos y la aplicación de técnicas como el injerto y la fertilización tuvieron como consecuencia directa un aumento de la producción y una verdadera revolución agrícola (Téllez, 1999, 50). Además, la importancia que los musulmanes daban a los jardines, especialmente las clases más elevadas que podían costearlos, ofreció un nuevo campo de actuación para los agrónomos de las taifas. Los jardines botánicos tuvieron una función esencial para el engrandecimiento del poder político-religioso de sus propietarios (Tito y Casares, 2011, 32), entre los cuales destacó en Toledo el de la almunia real de al-Ma’mun. En estos jardines los agrónomos iban a experimentar con diferentes técnicas, como la aclimatación de nuevas especies foráneas y la explotación de las propiedades alimentarias, farmacológicas o estéticas de las plantas (García, 2018, 19).

Estructuras hidráulicas de tecnología andalusí

En cuanto a las obras de Ibn Wāfid, se han podido confirmar con certeza dos de ellas dedicadas a la medicina (El libro de la almohada El libro de los medicamentos simples), las cuales reflejan su profundo conocimiento de este ámbito (Aguirre, 1992, 180), y, aunque ha existido mucho debate entre los especialistas, tal vez uno de agricultura (Suma de agricultura). Es necesario señalar, ya que no puede ser explicado detalladamente el contenido de estas obras aquí, debido a la extensión de este artículo, que este autor se caracteriza por un estilo recopilador de los conocimientos de sus predecesores, con pocos elementos de crítica o de comentario personal (Guzmán, 2005, 87).

A pesar de que no han llegado hasta nosotros muchos más elementos de su biografía, sí se tiene constancia de que al-Ma’mún le hizo el encargo de ejecutar el proyecto de su almunia personal y de sus correspondientes huertas y jardines (Téllez, 1999, 55). Tuvo que ser un trabajo inmenso realizar dicho edificio palatino y su conjunto -en el que colaboraron varios de sus discípulos-, pero también una oportunidad para la experimentación en diferentes proyectos agronómicos. Sin embargo, su gran obra, la almunia real de Toledo, tendría una vida relativamente corta, pero Ibn Wāfid no pudo ver ni siquiera el final del esplendor toledano, ya que murió en 1074 o 1075.

Vista actual de la Huerta del Rey de Toledo

Agrónomos toledanos: Ibn al-Luengo e Ibn Bassāl

De los discípulos que pudiera tener Ibn Wāfid en Toledo, solo se conocen dos nombres: Ibn al-Luengo e Ibn Bassāl, de los que ha perdurado un conocimiento bastante desigual, probablemente porque la importancia de los escritos del segundo superó con creces la del primero.

Ibn al-Luengo llegó a ser alfaquí y se dedicó a la medicina y la botánica. No se conoce con certeza su fecha de nacimiento, pero por su amistad con Ibn Bassāl y la tutela de Ibn Wāfid podría ser de una edad aproximada al primero. Algunas fuentes han dejado testimonio de que experimentó con la aclimatación de especies vegetales importadas, de modo que seguramente estuvo vinculado al proyecto de la almunia real de al-Ma’mun y su jardín botánico. Parece que falleció en 1105, tras haberse trasladado a la caída de Toledo, primero a Badajoz, y después a Sevilla y Córdoba (García, 1999, 142).

Su obra tuvo una extensa difusión, cruzó las fronteras del mundo andalusí y recorrió el mundo islámico, pasando por el norte de África y Oriente Próximo.

El último de los botánicos y agrónomos toledanos es Ibn Bassāl. Se cree que nació en torno a 1050, aunque no se ha confirmado una fecha concreta, en Toledo. Tuvo la suerte de crecer en el tiempo de mayor esplendor de la corte de al-Ma’mun, entrando en relación con el importante círculo de intelectuales del momento y formándose bajo la tutela de Ibn Wāfid (Téllez, 1999, 55). A diferencia de su maestro y otros muchos estudiosos de su época, tuvo la peculiaridad de dedicarse esencialmente al ámbito agrícola.

Ibn Bassāl participó junto a su compañero Ibn Luengo en el proyecto de la almunia real encabezado por su Ibn Wāfid, al que sustituyó tras su muerte en la dirección del mismo. Siempre se ha mencionado más su actuación en los trabajos de aclimatación de nuevas especies (García, 1999, 143), pero considero bastante probable su papel en otros campos relacionados no solo con el jardín botánico, sino también con las huertas del complejo regio, aspectos agrícolas de los que tuvo un conocimiento profundo. Además, en relación con la almunia real, se sabe que realizó un viaje por el Mediterráneo, que le llevó hasta el Oriente islámico, pasando por lugares como Sicilia, Egipto, la península arábiga, Siria o el norte de la India, con el encargo de obtener nuevas especies vegetales y semillas para aclimatar con posterioridad en el jardín botánico de al-Ma’mun (Téllez, 1999, 56). Lo aprendido en este periplo debió sumarse a los conocimientos adquiridos con anterioridad junto a su maestro, medinate los experimentos en las huertas y jardines toledanos.

Cultivo de alcachofas, una de las especies vegetales introducidas en la península ibérica durante el mundo andalusí

Se tiene constancia de varias obras agronómicas de Ibn Bassāl, pero la más importante es El libro de agricultura, que fue dedicado a al-Ma’mun (Carabaza y García, 2001, 106). A diferencia de Ibn Wāfid, sus textos destacaron por su carácter práctico. Trató de aspectos relacionados con la tierra, el agua, los abonos, las semillas, los trabajadores, las plagas, los cultivos de diferentes especies vegetales, la economía doméstica y la zootecnia. Y posiblemente por ello su obra tuvo una extensa difusión. Esta cruzó las fronteras del mundo andalusí y recorrió el orbe islámico, pasando por el norte de África y Oriente Próximo, donde se aplicaron sus conocimientos sobre el tratamiento de la tierra y el agua, la arboricultura y las plantas ornamentales (García, 1999, 145-149).

El final del reinado de al-Ma’mun trajo una profunda inestabilidad a la taifa de Toledo. El rápido deterioro del poder del monarca, en la figura de al-Qadir, y la conquista cristiana de 1085 terminaron con el germen de una escuela agronómica en Tulaytula. No obstante, con Ibn Bassāl se puede ver una continuidad de este grupo. Trasladado a Sevilla, donde también participó en la huerta regia, mantuvo un nutrido número de alumnos, entre los que constaban Ibn al-Lunquh, Abu l- Jayr o al-Tignari, a los que transmitió sus conocimientos de agronomía y botánica. Ello permitió que se mantuviera viva la escuela de naturalistas andalusí y le dio continuidad (Téllez, 1999, 56).

 

Notas

[1] Para más información sobre el desarrollo científico en al-Ándalus, véase: Samsó, 2011.

Bibliografía

AGUIRRE, L. F. (1992): El texto árabe de El libro de los medicamentos simples de Ibn Wafid. Anaquel de Estudios Árabes, 3, 175-182.

CALVO, S. (2011): El arte de los reinos taifas: tradición y ruptura. Anales de Historia del Arte, vol. extra (2): Alfonso VI y el arte de su época, 60-92.

CARABAZA, J. M. y GARCÍA, E. (2001): Estado actual y perspectivas de los estudios sobre agronomía andalusí. El saber en al-Ándalus, 3, 101-118.

GARCÍA, E. (1999): Botánica y Agronomía en Toledo. Entre el Califato y la taifa. Mil años del Cristo de la Luz, Asociación del Toledo Islámico. Toledo, 135-152.

— (2018): Terminología y funcionalidad de las almunias andalusíes a través de los textos agronómicos. Almunias. Las fincas de las élites en el Occidente islámico: poder, solaz y producción, Universidad de Granada, Granada, 17-26.

GUZMÁN, J. R. (2005): El compendio de agricultura atribuido a Ibn Wafid. Anaquel de Estudios Árabes, 16, 83-124.

IZQUIERDO, R. (2018): Toledo y su taifa. Tawa’if: Historia y arqueología de los reinos de taifas, Alhulia, Salobreña, 411-446.

SANSÓ, J. (2011): Las Ciencias de los Antiguos en al-Ándalus. Fundación Ibn Tufayl de Estudios Árabes, Almería.

TÉLLEZ, J. (1999): Dos agrónomos toledanos: Ibn Wâfid e Ibn Bassâl, y la Huerta del Rey. Tulaytula, Asociación de Amigos del Toledo Islámico, Toledo, 49-58.

TITO, J. y CASARES, M. (2011): El jardín hispanomusulmán: Los jardines de al-Ándalus y su herencia, Universidad de Granada, Granada.

 

Sergio Isabel Ludeña – FUNCI

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